Iniciación
Iniciar: como sustantivo significa principiante, como verbo, comenzar, llevar a la práctica, instruir; y como adjetivo significa comenzado. La iniciación es un comienzo, no una recompensa al logro, ni una prueba del logro, ni un trofeo del adeptado. La iniciación es un comienzo, y cuando hablamos de comienzo necesariamente tenemos que hablar de un final. La muerte es el castigo inevitable que debemos pagar por permitirnos haber nacido, y el honor de realizar el viaje de la vida entre estos dos grandes pilares es la única compensación que se nos ofrece por este destino.

El no iniciado no puede hablar de nacimiento, ni de vida ni de muerte. Como sonámbulos, sus pasos entumecidos los conducen en un estado de coma de la cuna a la tumba, sus pálidas sombras viviendo una pantomima, sin experimentar jamás las aventuras del camino del iniciado. Como otros mamíferos nacen, viven y mueren. Pero a menos que hagan un esfuerzo consciente por despertar, a menos que aprovechen y focalicen el poder de su voluntad para dar los primeros pasos de la renovación espiritual, no podrán, como cantaba Homero "... recibir su participación en el rito. No correrán la misma suerte del iniciado... una vez que estén muertos y moren en el moho por donde el sol se pone.”
La prostitución puede ser la profesión más antigua del mundo, pero la institución espiritual más antigua es por cierto la sociedad iniciatoria.
La religión meramente frecuenta las cámaras externas de los grandes templos iniciatorios y mantiene los misterios a distancia prudencial. Utilizando el hilo de la verdad traído por el viento desde la cámara iniciatoria, la religión psicóticamente teje y reteje doctrinas y dogmas, haciendo tapices de esperanza, odio y perpetua distracción. La religión exalta el misterio como un secreto incognoscible que debe ser preservado en una vitrina, como el cuerpo de la princesa encantada, temerosamente adorada desde lejos. La iniciación, por el contrario, requiere participación directa, y exige que cada uno de nosotros rompa el vidrio y apriete sus labios enloquecidos contra la boca del misterio, deseándola como un amante que le ofrenda sus tesoros en una sucesión de dulces entregas. Ella corresponderá, pero sólo en la exacta medida de nuestra habilidad evolutiva y nuestra capacidad para recibir sus tesoros.

La fórmula de la iniciación es universal. Poco importa qué misterio específico es el que se revela a través de los pasos graduales de una sociedad iniciatoria en particular. Si se tiene la actitud adecuada, un cierto grado de iluminación es obtenido incluso a través de los ritos más inocentes. Estudiantes, soldados, herreros, constructores, marinos, incluso ladrones y verdugos han disfrutado los privilegios y beneficios de las órdenes fraternales. En las ceremonias tribales de los indígenas de todo el planeta pueden verse los remanentes de los ritos de nuestros hermanos prehistóricos: Iniciaciones, circuncisiones, pruebas de cacería, misterios sexuales, palabras y signos secretos, aperturas y cierres del templo, dramatizaciones de temas heroicos, juramentos, muertes y resurrecciones rituales, etc.

Lo que importa realmente, es que la llave maestra del método de la iniciación queda permanentemente fijada en el individuo. Una vez que aprendimos el proceso de convertirnos en algo más grande de lo que somos, podemos, y eventualmente lo hacemos, aplicar esa misma alquimia a nosotros mismos y lograr, eventualmente, la meta suprema.
Entre las piernas de toda momia egipcia de calidad, hay un texto mágico escrito (según la tradición) por el dios Thot en persona. Es un mapa terriblemente detallado de cada aspecto del proceso post-mortem. Memorizado a la perfección en vida, le permite al muerto negociar etapa por etapa las ordalías y la confusión de la existencia en el más allá, absorbiéndose finalmente en una plena identificación con la deidad inmortal. Este libro es "El libro de los muertos", para muchos un verdadero manual de iniciación.
Casi cada aspecto de los modernos grados iniciatorios, está contemplado en este libro. Así como el muerto es elevado progresivamente hasta la completa identidad con el glorificado Osiris, así el candidato es eventualmente elevado hasta el dominio total del rito. Pero el candidato debe superar pruebas de su habilidad para acceder al rito, incluso antes de que comiencen las series de iniciaciones: ¿son realmente honorables las razones para unirse a la sociedad? ¿Tenemos algo serio que ocultar? Esta autoinspección del alma tiene lugar antes de que el candidato escriba a la logia solicitando formalmente su admisión.
El candidato debe tener un padrino dentro de la logia que de fe por el candidato, y que actuará como su abogado ante los demás miembros, quienes quizá acepten las recomendaciones del padrino y acepten la petición.
El rito en sí mismo representa la totalidad del universo, y el maestro o hierofante simboliza el Ser Supremo. Cada grado simboliza una subdivisión del absoluto, y es imposible comprender la realidad mayor de cada mundo superior hasta que uno no es un maestro iluminado del grado anterior.
En las órdenes mágicas los grados se corresponden directamente con los niveles de conciencia humana, pero en la mayoría de las órdenes no es un prerrequisito que el candidato haya obtenido estos estados de conciencia (una orden que posea la omnisciencia para juzgar esto con precisión, no se encuentra en la guía de teléfonos).
En la mayoría de lo casos, inclusive en órdenes mágicas muy serias, el grado sirve sólo como un mapa de ruta para la inevitable odisea personal del candidato. No es raro que las "verdades" que se le comunican al candidato en los grados inferiores sean modificadas o incluso contradecidas en los superiores.

Quizá lo más sorprendente de "El Libro de los Muertos", es que al candidato se le pide muchas veces que pase a través de una serie de puertas o pilares, donde se le aparece un guardia que le pide las llaves secretas propias de cada estación.
La evolución es el resultado de un triple proceso de resistencia, lucha y mutación, y este hecho es el secreto fundamental de la iniciación: en muchos ritos el candidato es detenido e interrogado o confrontado con una prueba. Si la supera, recibe permiso de la autoridad suprema para seguir su camino Esta fórmula de la iniciación queda firmemente impresa en el subconciente, y es prácticamente imposible de quitar, y si le permite llegar incluso más profundo, le permitirá al aspirante diligente obtener la llave para superar la muerte.
El candidato debe dirigirse hacia la Barca que le permitirá llegar a la Costa de la Verdad, pero para eso debe pasar por todos los portales, demostrando a los guardianes que conoce todas las claves, pero especialmente demostrándoselo a sí mismo. El candidato está continuamente respondiendo y preguntando, como si este diálogo, que en realidad es un monólogo, fuera la clave del secreto para superar la muerte. Después de todo, la conciencia de nuestra existencia es lo que mantiene junta nuestra individualidad.
Quizá si uno pudiera desarrollar una técnica que le permitiera mantenerse consciente en cada etapa post mortem, entonces uno podría llegar finalmente a la plenitud de su destino espiritual, y no disolverse o desintegrarse en la matriz universal como las almas devoradas por Ammit, el monstruo del Libro Egipcio de los Muertos.

Por eso, quienes no posean esa habilidad, "...no tendrán el mismo destino de los iniciados una vez que mueran y moren en el moho donde el sol se pone".
Tomado del libro “Angels, Demons and Gods of the New Millenium” de Lon Milo Duquette; traducción del Frater Brennius.
Iniciación en la O.T.O.